martes 26 de octubre de 2010

Seminci 2010 - Iciar Bollaín nunca falla

Por si acaso, siempre sabemos que tenemos a Iciar Bollaín en la recámara, presentando su nueva película, "También la lluvia". Tras desbancar a Celda 211 en la carrera por el Oscar, la directora nos vuelva a ofrecer su cine de pincelada limpia pero profunda: son esas películas que nos logran meter en la cabeza de sus protagonistas, ponernos en su situación y analizar su problema desde un punto de vista más complejo que el simple "qué cabrón". Iciar Bollaín es poner al espectador en otra perspectiva. Es comprender (que no justificar) que Luis Tosar tiene problemas ENORMES y personales en la relación con su mujer en Te doy mis ojos. Es ponernos en su drama individual de cómo intenta luchar él mismo contra el maltrato y una y otra vez acaba cometiendo atrocidades. Claro, que ver la parte humana de un maltratador e intentar ayudarlo es más incómodo que propagar un "que le corten la cabeza".

Y eso es "También la lluvia". En este caso, nos vamos a Bolivia, a hablar de cómo el primer mundo se sirve de la pobreza de los países subdesarrollados para llevar a cabos sus objetivos. Y tranquilos, que no nos referiamos a las multinacionales, si no a un grupo de cineastas que las pasa canutas para rodar una película con mucho menos coste de lo que lo harían en España. Sí, claro, a los figurantes sólo les pagan dos dólares al día, pero, ¿qué harías tú? ¿les ofrecerías unos honrosos seis euros por hora?

Y no hace falta que el ejemplo sea tan visible en el plano laboral, porque cualquiera que haya ido de viaje a un país notablemente menos desarrollado puede sentirse igual comiendo por cuatro perras, durmiendo en hoteles de lujo por lo que aquí vale una comida, o regateando hasta la saciedad por una rebaja de cincuenta céntimos. Y todo esto mientras observas, o dejas de observar y miras al tendido, ciertas situaciones de auténtica pobreza a dos palmos de tu cara.

Eso es También la lluvia. Aquí comprendemos el problema. Y comprendemos a los cineastas que van a hacer su proyecto. ¿Pueden hacer algo para cambiar este orden? En ese momento y en ese número, es casi ridículo plantearlo. ¿La solución? Inmediata desde luego ninguna. El conflicto está servido, y la única salida es ser un cabrón. ¿O no? Eso es el cine de Iciar Bollaín.