El chaval era un mal estudiante, la verdad es que teniendo el padre un trabajo itinerante, tenían periódicamente que cambiar de domicilio y consecuentemente el niño de colegio, quien aprovechaba cada cambio como excusa a su bajo rendimiento escolar.
Por este motivo se lamentaba el padre ante el responsable de la delegación madileña de su empresa.
-Llévale a estudiar con los jesuítas, verás como cambia la cosa, le aconsejó el jefe.
Así se hizo y fue un acierto. En aquel año lectivo recuperó todas las disciplinas pendientes de años anteriores y acabó el curso con nota por encima del notable.
El padre quiso saber la fórmula que motivó el cambio de actititud del chico, para poder repetirla en mudanzas sucesivas y se fue a ver al jefe de estudios del colegio quien le dijo:
-Convencer a su hijo de que debería estudiar a fondo fue facil, en la iglesia del colegio tenemos un cristo crucificado de tamaño natural, el primer día le llevamos al chico ante él y le dijimos: "Mira lo que hacemos con los malos estudiantes judíos



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