Con vuestro permiso, os dejo un pequeño relato que he escrito...
********
Sorprendido, zozobrado, giro y giro sin parar en busca de respuestas. Respuestas, respuestas, respuestas que expliquen mi cautiverio en tan extraño lugar. Por más que me esfuerzo no consigo recordar cuánto tiempo llevo encerrado en esta asfixiante y acristalada pared. Persigo como un loco su perímetro en busca de alguna escapatoria, de algún indicio que pueda servir para precipitarme hacia una salida. Palpo cada extremo, milímetro a milímetro, y descubro desquiciado que acabo en el mismo lugar en el que empecé describiendo un círculo perfecto, casi trazado con un imaginario compás. Me invade una profunda desazón. Decido tranquilizarme, calmarme, intentar esclarecer mi mente y poner en orden mis ideas. ¿Qué hago aquí? ¿Por qué? ¡Si al menos pudiera recordar algo con nitidez…! Sólo hay vacío. Intento ir más allá, retroceder y atisbar como he llegado aquí. Pero únicamente el borroso cristal que yace impasible ante mis ojos se atreve a ocupar mi mente.
Pasan las horas. La incomunicación hace que mis ideas se vayan quebrantando, que comience a valorar la situación descontextualizada. Las necesidades vitales comienzan a manifestarse y apagan temporalmente la falta de respuestas para centrarse en un espíritu de supervivencia voraz. Un hambre atroz me sumerge en un estado de aturdimiento que en el fondo contemplo con cierto alivio, pues me impide seguir pensando con nitidez. Respuestas, respuestas, respuestas… ¿qué importan cuando te han privado de alimento?. Las preguntas iniciales se ahogan, aunque surgen espontáneamente otras… ¿Cuántas horas llevaré sin comer? ¿Cuánto seré capaz de aguantar sin recibir sustento alguno? Intento hacer cálculos pero de nuevo me pierdo en un mar de inquietudes y mareos. ¡Maldita sea! Ni un mísero recuerdo antes de esta desoladora mazmorra, ni una imagen. Cómo si mi memoria hubiera sido borrado.
Pasan las horas. La incomunicación hace que mis ideas se vayan quebrantando, que comience a valorar la situación descontextualizada. Las necesidades vitales comienzan a manifestarse y apagan temporalmente la falta de respuestas para centrarse en un espíritu de supervivencia voraz. Un hambre atroz me sumerge en un estado de aturdimiento que en el fondo contemplo con cierto alivio, pues me impide seguir pensando con nitidez. Respuestas, respuestas, respuestas… ¿qué importan cuando te han privado de alimento?. Las preguntas iniciales se ahogan, aunque surgen espontáneamente otras… ¿Cuántas horas llevaré sin comer? ¿Cuánto seré capaz de aguantar sin recibir sustento alguno? Intento hacer cálculos pero de nuevo me pierdo en un mar de inquietudes y mareos. ¡Maldita sea! Ni un mísero recuerdo antes de esta desoladora mazmorra, ni una imagen. Cómo si mi memoria hubiera sido borrado.
Hago una nueva tentativa de observar el exterior de mi jaula a través del borroso cristal pero los contornos se vuelven volátiles, gelatinosos, distorsionados. Incapaz de reconocer el lugar en el que me encuentro, mi cuerpo se une a mi mente para exigirme un respiro. Inconscientemente entorno los ojos, temeroso de no despertar nunca más pero aliviado al evadirme sin antídoto. Quedo dormido irremediablemente. Una hora, dos, cinco. No lo sé. Despierto y la realidad me golpea en la cabeza como una punzante pedrada. Aturdido, observo que el cristal que me rodea por completo constituyendo mi calabozo está visiblemente sucio. Una especie de capa verdosa lo recubre por completo haciendo de la visión exterior finalmente una lejana utopía. Ya no puedo más. Me acerco al cristal, aferro mi boca contra la pantanosa superficie y, con letras naturalmente invertidas para hacer legible el mensaje desde el exterior escribo:
¡Limpiadme la pecera, hostias!


1 comentarios:
Me has hecho recordar a Kafka y su metamorfosis bonito!!
Aunque ese toque final no deja lugar a dudas de que solo tu se lo podrias dar....jejejj
Por cierto, gracias por anclarme en tu blog, me siento halagada..
Fríos besos pucelanos
Publicar un comentario en la entrada