sábado 8 de noviembre de 2008

Pequeña experiencia

Hoy, yendo hacia el trabajo, me ha sucedido una cosa que me gustaría compartir con vosotros... Caminaba mochila a la espalda cuando, cruzando una calle, observo que un señor me mira fijamente desde la otra acera. Era un hombre de unos 40 años, desaliñado, con un mono azul manchado y un rostro moreno curtido, quizá por el sol y el trabajo. Parecía un campesino perdidísimo en la gran ciudad, pero con cierto aire descuidado que le acercaba a la mendicidad.
Sorteando ya la calle, el hombre me señala con la mano y después apunta hacia un monovolumen aparcado a pocos metros de nosotros. "¿Me puedes decir cuánto cuesta?" me pregunta mientras sigue señalando el coche. En el cristal del vehículo había un anuncio que rezaba "Se vende. Renault Scenic, 150 cv, Diesel. 14.500 euros". Su voz, pequeña y entrecortada, y sus gestos perdidos y erráticos me dieron la impresión de que estaba intentando enrredarme en algo. Cierto que ese hombre no tenía envergadura ni aptitudes para ponerme en un aprieto, y que más parecía un pobre borracho que alguien que intenta colocarte el tocomocho entre pecho y espalda. Pero el perverso chip de la desconfianza me hizo saltar un pasito para atrás y decirle: "Pues lo que pone ahí".
El hombre en ese momento se aturdió, y en un tono que me pareció más cercano a la turbación que a la disculpa, me dijo "...es que no sé leer". Entonces, le expliqué lo que valía, se lo traduje a pesetas, le dije que era un diesel y que tenía 150 caballos... y luego se lo apunté todo en un sucio papel que llevaba, en cuyo reverso tenía escrito algún anuncio más.
Mi desconfianza duró unos pocos segundos, pero mi coraza estaba preparándose para repeler a un posible ambaucador y resulta que me encontré a un pobre hombre que ni siquiera podía entender una fila de números en el precio de un coche.
Qué difícil deben ser las cosas para algunas gentes que no pudieron acceder a los recursos más básicos, como la alfabetización, que todos hoy en día damos por hechos...
Y qué pena que unos pocos aprovechados nos hayan llenado un rinconcito del corazón de malas experiencias y miedos que, a veces, nos hacen desconfiar de todo y de todos y dar un pasito hacia atrás en actitud defensiva.

2 comentarios:

nora dijo...

confiemos en que ese hombre siempre se cruce en la vida con gente que le ayuda y deja a un lado su desconfianza, no crees?
besos bonito

Samuel Rodríguez dijo...

Pues sí... pero sabemos que todos reaccionamos así ante cosas/gente que no actúa de manera "común"... y que conste que tampoco nos culpo a "nosotros"...